Retiro de Semana Santa. Viernes. El amor de Dios

Retiro de Semana Santa. Viernes. El amor de Dios

Madre de los Dolores,

ruega por nosotros para que vivamos los misterios

de la pasión, muerte y resurrección de tu Hijo

desde tu corazón Inmaculado.

 

Viernes Santo. El amor de Dios.

 

“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn15,13). Esta es la gran enseñanza de la Pasión de Cristo. Puesto que Dios es amor (I Jn 4,8), todo lo que dice y hace es manifestación de su ser amoroso.

El núcleo capaz de provocar una explosión atómica que transforme mi existencia no está en el dolor, en la resistencia, en el ejemplo… Está en que “Cristo me amó y se entregó por mi” (Gal 2,20). Y es que “tanto amó Dios al mundo [a ti], que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).

Contemplemos, entonces, cómo Dios nos ama.

Su amor está presente en tu vida mucho más de lo que ves o intuye. Solo en el cielo percibiremos en plenitud su amor en nuestra vida pero ya podemos crecer. Pero de camino, podemos decir que el crecimiento espiritual no consiste en una mayor perfección moral, sino en percibir con mayor plenitud cómo Dios actúa amorosamente en el mundo y en mi vida.

Diez manifestaciones del amor de Dios

  • Es cercano, a nuestra medida.
  • Me dignifica.
  • Se manifiesta en la verdad por toda palabra o acto verdadero.
  • Reúne, hace vínculo, familia.
  • Es un acto positivo.
  • Es respetuoso de nuestra libertad y pequeñez.
  • Abre a la esperanza.
  • Eleva el espíritu.

 

Volvamos a recorrer la pasión, pero esta vez reconociendo la presencia amante de Dios, porque también está amando en el sufrimiento y, por este amor, transformado las tinieblas en luz.

  • “Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua y el Hijo del hombre va a ser entregado para se crucificado” (Mt 26,2). Gracias por tener hermanos con los que compartir mis penas y dificultades.
  • “Durante la fiesta no, para que no se ocasione un tumulto en el pueblo” (Mt 26,5). Gracias Señor por las veces que has evitado un mal mayor.
  • “Se le acercó una mujer llevando un frasco de alabastro con perfume muy caro y lo derramó sobre su cabeza” (Mt 26,7). Gracias Señor por las veces que he derramado mi amor por ti.
  • “En verdad os digo que en cualquier parte del mundo donde se proclame este Evangelio, se contará también lo que ella ha hecho, para memoria suya” (Mt26,13). Gracias Señor por haber dado testimonio de tu amor en mi sufrimiento.
  • “Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata” (Mt 26,15b). Gracias Señor porque para ti mi vida no tiene precio, por lo valioso que soy para ti.
  • “¿Dónde quieres que preparemos la cena de Pascua?” (Mt 26,17). Gracias Señor por los que han tomado la iniciativa para ayudarme.
  • “Tomad, comed: esto es mi cuerpo” (Mt 26,26). Gracias Señor por cada eucaristía, por cada comunión con tu Cuerpo y tu Sangre.
  • “Ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre” (Mt 26,29). Gracias Señor por ampliar nuestra vida a una eternidad de felicidad y comunión.
  • “Cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea” (Mt 26,32). Gracias Señor por las promesas que me han dado esperanza para seguir.
  • “Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré” (Mt 26,33). Gracias Señor por los deseos de santidad que has puesto en mi corazón. Te doy permiso para que los realices.
  • “Sentaos aquí, mientras voy allá a orar” (Mt 26,36). Gracias Señor por los pequeños actos de obediencia a tu voluntad. Son perlas en la corona celestial.
  • “Volvió a los discípulos y los encontró dormidos y les dijo: Ya podéis dormir y descansar” (Mt 26,45). Gracias Señor por la paciencia que han tenido con mis debilidades.
  • “¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega” (Mt 26,46). Gracias Señor por las veces que he mirado de frente las dificultades, contrariedades o sufrimiento.
  • “Amigo, ¿a qué vienes?” (Mt 26,50). Gracias Señor por las veces que me has acogido con misericordia. Gracias por cada confesión.
  • “Pedro lo seguía desde lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados” (Mt 26,58). Gracias Señor por las veces que el amor ha superado el miedo.
  • “Desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo” (Mt 26 64). Gracias Señor por las veces que me has revelado tu gloria.
  • “Sabía que se lo habían entregado por envidia” (Mt 27,18). Gracias Señor por todos los que me han comprendido en momentos de prueba.
  • “Pues, ¿qué mal ha hecho?” (Mt 27,23). Gracias Señor por todos los que me han justificado y me han dado una oportunidad.
  • “Doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: ¡Salve, rey de los judíos!” (Mt 27,29). Gracias Señor por la dignidad que tengo, que ningún desprecio puede destruir.
  • “Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz” (Mt 27,32). Gracias Señor por los que me han ayudado a llevar las cruces.
  • “Le dieron a beber vino mezclado con hiel” (Mt 27,34). Gracias Señor por todo lo que en este mundo has puesto para mi consuelo, alivio y regocijo.
  • “A la hora nona, Jesús gritó con voz potente” (Mt 27,46). Gracias Señor por cada oración hecha con el corazón y que he visto tu respuesta.
  • “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (Mt 27,54). Gracias Señor por conocer que tu eres el enviado del Padre. Gracias porque creyendo en ti me das vida eterna (Jn 3,16).

 

La fecundidad de la Cruz viene del amor. Es el amor el que transforma el sufrimiento en vida. De la mano de María Inmaculada y de Juan, que descansó sobre el pecho de Señor, acerquémonos al Corazón de Jesús. Pidámosle que nos introduzca en él y que el fuego del amor nos consuma.