Retiro de Semana Santa. Sábado. Una vida nueva.

Retiro de Semana Santa. Sábado. Una vida nueva.

Madre de los Dolores,

ruega por nosotros para que vivamos los misterios

de la pasión, muerte y resurrección de tu Hijo

desde tu corazón Inmaculado.

 

Sábado Santo. Una vida nueva.

 

Esta noche celebramos la resurrección de Cristo. Y mañana, ¿qué pasará? La resurrección es uno de los grandes misterios de nuestra fe. No solo por lo que afecta a Jesús mismo, sino por la presencia de la Vida nueva en nuestra existencia que sigue siendo herida y pecadora. Por una parte todo seguirá igual; por otra, vivimos ya en la Resurrección. Y por eso mi vida es nueva.

La Resurrección cambia mi vida. Quizás no de repente, pero sí poco a poco, paso a paso, acto de fe a acto de fe. La fe es un don de Dios: “Vio, y creyó” (Jn 20,8). Pero sí que puedo preparar la tierra para acoger la semilla divina. Solo necesito seguir unas pautas sencillas y, cuando mire atrás, veré cómo Cristo vivo ha conducido mi mida haciendo una historia de bendición.

 

Pautas para vivir la Resurrección.

1. Buscar al Señor.

El primer paso es el deseo. Deseo de buscar al Señor, de encontrarlo, como María cuando va al sepulcro el domingo por la mañana (Jn 20,1). Deseo movido por la incomprensión, el sufrimiento, o por el amor. Pero buscar. Es fácil desbloquear el deseo para que fluya con fuerza cuando miramos con sinceridad y verdad nuestro propio corazón.

2.Reconocerlo.

Es Él quien se dará a conocer. Pero muchas veces nos sorprenderá: el jardinero en el caso de María (Jn 20,15); un viajero para los discípulos de Emaús (Lc 24,15-16); un desconocido junto al Mar de Galilea (Jn 21,4)… ¿Y para ti? ¿Dónde te saldrá el Señor al encuentro?: En los más cercanos, en un acontecimiento inesperado, en una llamada desconcertante, en una situación de vida…

Estemos abiertos a dejarnos sorprender por las presencias escondidas de Dios en nuestra vida.

3. Salir corriendo. Pasar a la acción.

Tras encontrarse con Jesús, María vuelve corriendo a anunciar a los discípulos. Pedro y Juan correrán al sepulcro vacío. Cleofás y el otro discípulo también regresan apresuradamente en plena noche, ahora sin miedo a los ladrones, de Emaús a Jerusalén.

La resurrección nos pone en acción. Enciende en nuestro interior un impulso de caridad, de anuncio, de comunión. El corazón sabe reconocer un proyecto muy concreto. Entonces no hay que demorarse (“Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el Reino de Dios” Lc 9,62), es el momento de responder con prontitud, generosidad y confianza.

El proyecto de Dios siempre nos superará, pero en la llamada siempre está la gracia para responder.

4. Encuentro compartido.

Jesús resucitado se manifiesta en la comunidad de los creyentes (Jn 20,19.24 Lc 24,36). Es un lugar “sacramental” donde encontrarlo, recibir su paz, bendición, el Espíritu y el envío a la misión.

5. Volver regularmente a Getsemaní y al Gólgota.

La Resurrección, con la Pasión y Muerte de Jesús, es el centro del kerygma. Una vez y otra es necesario ser evangelizados por el anuncio de la Buena Noticia. Durante el año no tenemos por qué esperar al Cuarema para volver a Getsemaní y al Gólgota para disponernos a encontrarnos con Cristo Vivo. La confesión regular, la dirección espiritual, los tiempos de retiro espiritual nos guardarán en un estado permanente de “conversión”.

 

El Santo Sepulcro solo ha dejado al descubierto la losa donde reposó el cuerpo de Jesús tres veces: en 1555, en 1810 y en octubre del año pasado. Entre las 30 personas que asistieron al acontecimiento estaba un fraile especial. Como hace 2000 años, volvía al sepulcro un hombre de Jerusalén. Fray Jad Sara explica así su experiencia: “Cuando entré, tuve miedo. Era el primer jerosolimitano en entrar al Sepulcro, el lugar de la resurrección, en descubrir lo que en Jerusalén llaman Iglesia de la salvación. He visto esa piedra y después he experimentado un largo silencio y he sentido una gran alegría”.

Aunque no toquemos la losa en Jerusalén, la experiencia de la Resurrección es para cada uno. Si hemos tenido 40 días para prepararnos a la Semana Santa, ahora comenzamos un período de 50 días para aprender a vivir la resurrección. Si con la Cuaresma se concluye con el Tríduo Pascual que nos ofrece la gracia de entrar en la Pasión y Muerte de Jesús, el tiempo Pascual se concluye con Pentecostés, la efusión del Espíritu para que vivamos la Resurrección en lo cotidiano.