Retiro de Semana Santa. Jueves. ¿Para qué necesito un Salvador?

Retiro de Semana Santa. Jueves. ¿Para qué necesito un Salvador?

Madre de los Dolores,

ruega por nosotros para que vivamos los misterios

de la pasión, muerte y resurrección de tu Hijo

desde tu corazón Inmaculado.

 

Jueves Santo. ¿Para qué necesito un salvador?

La secuencia de los hechos de estos días que vamos a vivir es simple: un hombre será torturado y ajusticiado por disputas político-religiosas.

Pero la realidad es mucho más. Así lo experimentaron los apóstoles y las primeras comunidades cristianas, y lo explican en los evangelios y las cartas:

“Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos”. (Jn 11,51-52)

“La fe fue así nuestro ayo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por fe; pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al ayo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo”. (Gal 3, 24-27)

“Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados”. (He 10,14-15)

“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los nuestros, nos ha engendrado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios.” (I Pe 1,3-4)

La realidad está grávida de eternidad. Dios está en el mundo. Esta es la clave por la que por lejano que un acontecimiento esté en el tiempo o la cultura, posee una palabra para ti hoy.

La pasión de Jesús es reunión de los hijos dispersos (como en la parábola del hijo pródigo, Lc 15,11-31), justificación por fe, superación e la Ley, revestirse de Cristo, perfección definitiva, santificación, ser engendrado a una esperanza viva, estar protegidos con la fuerza de Dios…

Y en mi vida: en qué necesito un salvador.

Vamos a revisitar con el corazón la narración de la Pasión, y pidamos al Espíritu que nos muestre cómo necesitamos de la redención y salvación:

  • “Entonces se reunieron lo sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en la cas del sumo sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para prender a Jesús a traición y darle muerte” (Mt 26,3-4). Como Jesús con los jefes del pueblo, he sido víctima de una “conspiración” o hemos conspirado.
  • “Los discípulos se indignaron y dijeron: ¿A qué viene ese derroche?” (Mt 26,8). Como la pecadora que unge a Jesús en Betania, me he sentido incomprendido y juzgado.
  • “¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego” (Mt 26,15). Como Judas con los sumos sacerdotes, me han manipulado, utilizado, vendido.
  • “En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar” (Mt 26,20). Como Jesús, alguien a quien amo me ha traicionado.
  • “¿Soy yo acaso, Señor?” (Mt 26,22). Como los discípulos me he sentido inseguro de mi mismo.
  • “Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa” (Mt 26,30). Como los discípulos, me he escandalizado de la obra de Dios.
  • “En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces” (Mt 26,34). Como Pedro, he abandonado mis convicciones por miedo.
  • “Mi alma está triste hasta la muerte” (Mt 26,38). Como Jesús he pasado momentos de tristeza y angustia, de depresión.
  • “¿No habéis podido velar una hora conmigo?” (Mt 26,40). Como Pedro, Santiago y Juan me ha podido el cansancio y el desánimo, y no he acompañado al que me necesitaba y pedía ayuda.
  • “Se acercó a Jesús y le dijo: Salva Maestro. Y lo besó” (Mt 26,49). Como Judas, he sido herido por un amor impuro y falso.
  • “Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo cortó la oreja al criado del sumo sacerdote” (Mt 26,51). Como Pedro, me he defendido con violencia, agrediendo en vez de amar.
  • “Lo sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte” (Mt 26,59). Como los sumos sacerdotes, me han cargado con mentiras sobre mi que me llevan por un camino de muerte.
  • “Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon” (Mt 26,67). Como Jesús, he sido víctima de desprecios y malos tratos.
  • “Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado” (Mt 26,67). Como los soldados, han despreciado los dones que hemos recibido.
  • “Y saliendo fuera, lloró amargamente” (Mt 26,75). Como Pedro, he llorado solo, he sentido la amargura del remordimiento.
  • “He pecado, entregando sangre inocente” (Mt 27,4). Como Judas, no puedo perdonarme.
  • “¿A nosotros qué? ¡Allá tu!” (Mt 27,4). Como los sumos sacerdotes y ancianos, se han burlado de mi arrepentimiento.
  • “¿A quién queréis que os suelte a Barrabás o a Jesús?” (Mt 27,17). Como con Barrabás, me he sentido desvalorizado y sustituido por otro.
  • “Se lavó las manos ante la gente” (Mt 27,24). Como Pilato, se han desentendido de mi cuando necesitaba apoyo y comprensión.
  • “Lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha” (Mt 27,28-29). Como los soldados, me han expuesto a la burla de los otros, han mostrado mi desnudez y debilidades.
  • “Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz” (Mt 27,32). Como Simón, he hecho el bien por obligación, sintiéndome forzado.
  • “Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro la izquierda” (Mt 27,38). Como con los bandidos, me han relacionado con personas de mala reputación.
  • “A otros ha salvado y él no se puede salvar” (Mt 27,42) Como los sumos sacerdotes, escribas y ancianos, me han reprochado el bien que he hecho.
  • “Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama” (Mt 27,43) Como los sumos sacerdotes, escribas y ancianos, han puesto en duda que sea amado por Dios.
  • “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). Como Jesús, me he sentido abandonado por Dios.

 

Dentro de un momento celebraremos el oficio de la Cena del Señor, en la que la liturgia reproduce el pasaje en que Jesús lavó los pies de los discípulos. Dejemos que el Señor se acerque misteriosamente a nuestra vida esta noche. Dejemos que se rebaje ante nosotros, y con un infinito amor y ternura nos lave y nos cure.