Vigilia Gozo y Vida en Santo Tomás de Villanueva en Castellón

Vigilia Gozo y Vida en Santo Tomás de Villanueva en Castellón

El pasado mes de enero tuvo lugar en Sto.Tomás de Villanueva de la localidad de Castellón la  vigilia que, bajo el nombre de “Gozo y Vida”, está realizando la Comunidad de modo itinerante en diversas parroquias de la diócesis. A esta segunda vigilia acudió un nutrido grupo de jóvenes. Guillem Farré, responsable de la Comunidad en España les habló sobre la figura de San José y de su gran misión. Seguido de sus palabras, se contemplaron los Misterios de Gozo con el gran regalo del Santísimo Expuesto. Y por último, y como el frío de la noche invitaba a ello, hubo un tiempo de compartir fraterno en el que el chocolate caliente no vino nada mal.

A continuación os facilitamos el contenido de la meditación sobre la figura de San José para que los que os agrade podáis llevarlo a la oración.

La Natividad. San José: la pobreza para una misión

El Nacimiento es una asamblea de pobres. Los pastores son pobres, sobretodo de bienes materiales. María es la pobre esclava del Señor, y Jesús es el más pobre, porque siendo Dios se ha despojado de sí mismo, tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres (Fil 2,6-7). Y entre todos estos pobres, está San José.

José es doblemente pobre. Veamos el texto de la “Anunciación de José” (Mt 1,18-25).

La primera es “renunciar a su esposa”. El evangelio nos dice que José había tomado la decisión de “repudiar en privado” a María para no difamarla. No se trata, como a veces se ha dicho, de que sospechara de su prometida. Su relación con María es la de un esposo amante. ¡Qué error imaginar que José hubiera sospechado de la pureza de María!

Sabía demasiado bien que Dios mismo había intervenido cubriendo su prometida con el Espíritu y engendrando sin intervención de varón al Emmanuel, porque nada es imposible para Dios.

La Palabra nos dice que José era un justo (Mt 1,19), en hebreo un tsadik. Tsadik es la palabra que se usa para designar a los santos. Y los santos del pueblo de Israel, como los santos de siempre, son los que convivían familiarmente con Dios. Uno de los más venerados fue Moisés. De él se dice al final del Pentateuco: “no ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, que conociese al Señor y lo tratase cara a cara” (Dt 34,10). Y en los panegíricos que se encuentran al final del Eclesiástico se dice lo siguiente: “De entre los descendientes de Jacob, Dios suscitó un hombre de bien, que hallaba gracia a los ojos de todos, amado por Dios y por los hombres” (Ecli 45,1).

Del mismo modo José es un hombre de bien, que conoce al Señor y que lo ha tratado cara a cara como ningún otro hubiese imaginado tratar antes. Gracias a esa familiaridad en el trato con Dios, era igualmente familiar con el mundo sobrenatural y por eso no debe sorprendernos que un ángel lo visitase en sueños para confirmar lo que en su fino espíritu ya sabía: Sí, lo engendrado en María, tu mujer, es del Espíritu Santo (cf Mt 1,20).

José conocía la obra de Dios en su prójimo, y por ello experimentaba el temor sobrenatural de pisar tierra sagrada. El que tocaba el Arca de la Alianza moría al acto (2Sa 6,6-7), y él era el esposo de aquella que llevaba al Santo de los Santos. Cuando el ángel le dice “no temas tomar contigo a María tu mujer”, lo invita a vivir en una mayor intimidad con Dios a través de su esposa. José la tomará, pero siempre conservará ese temor de Dios, y mantendrá el “repudio secreto” (Mt 1,19), es decir, considerar a María como la Esposa del Espíritu y preservar su virginidad. Por tanto acepta la pobreza de “compartir” su esposa, renunciando a esa exclusividad propia del matrimonio.

La segunda gran pobreza, es renunciar a su descendencia de sangre. Jesús no ha nacido de su sangre ni de su sangre, ni de deseo de varón, sino de Dios (Jn 1,13), y José acepta no engendrar a nadie más.

Características de la pobreza de San José

Es una pobreza no elegida y que, sin embargo, San José la escogerá. Solo podemos acoger la vida entera. No podemos seleccionas acontecimientos para quedarnos con los positivos y rechazar los dolorosos. Del mismo modo, hay esas pobrezas que nos llegan sin haberlas buscado que necesitamos acogerlas para vivir de verdad la vida en plenitud.

Esto no quiere decir hacer lo posible para superar una pobreza o una situación de sufrimientos; pero cuando todo lo que estaba en nuestra mano se ha hecho, no queda más posibilidad que escogerla y acogerla para que sea una pobreza fecunda.

La pobreza de San José tiene otra característica: es una pobreza interna, no se ve. Los otros esperan tienen expectativas sobre nosotros y no nos sentimos a la altura. Es como cuando el mundo tiene unas expectativas elevadas sobre los cristianos, y muestra su escándalo cuando no correspondemos. También es cuando por un compromiso cristiano, como los votos de un religioso, la ordenación sacerdotal, el matrimonio sacramental o una vinculación con un movimiento o comunidad, tenemos la sensación de que los otros esperan tanto, una imagen, una ejemplaridad… ¡y sin embargo nos sentimos tan pobres y pecadores! Esto puede causar una tensión interna a veces muy dolorosa.

Estas expectativas son legítimas, pero hay que considerarlas como la meta a la que Dios no llama y nos conduce con su gracia y nuestra colaboración. Meta, y mientras llegamos estamos en camino. Por tanto la diferencia entre el ideal y estado presente no tiene que paralizarnos. Humanamente se puede hablar de capacidades como la resiliencia para superar una dificultad, pero espiritualmente vamos más allá: Dios nos llama a una vida divina, y nos conduce por misericordia y con misericordia. Es Él quien ha tomado la iniciativa, y aunque por el momento sea necesaria mucha humildad porque aún no correspondemos a lo que estamos llamados, si confiamos en que llevará a término la obra comenzada podremos avanzar. Teresita del Niño Jesús insistía en que pobreza y confianza van unidas. Y ambas son pilares de su pequeño camino que lleva directo a la santidad.

Pobreza evangélica.

Ya hemos introducido aquí algunas claves de lo que es la pobreza evangélica. A veces cuesta de aceptar y acoger la pobreza, porque no comprendemos de qué se trata. Vamos a profundizar en este don extraordinario para poder recibirla como un regalo de Dios y vivirla con alegría.

La pobreza no es resignarse a una situación miserable. Como hemos dicho, hay que hacer todo lo que esté en nuestra mano para superarla o remediarla. Si nos quedamos aquí, la pobreza miserable se convierte en una encerrona sin más horizontes que nuestros límites. Como en la Caverna de Platón –o en la película de Matrix- vivimos creyendo en una realidad que no es verdadera. La verdadera realidad es otra. La verdadera realidad no está definida por nuestro pecado y pequeñez, sino por el proyecto amoroso y vivificante, fecundo y luminoso de Dios sobre cada uno de nosotros.

Así pues, la pobreza evangélica es el estado que nos predispone para recibir una misión. Hay diversas actitudes y valores que en la Palabra de Dios preparan la tierra para acoger la buena semilla: la pureza, la constancia, la determinación… y todas están relacionadas con la pobreza y la humildad.

La pobreza nos dispone a recibir una misión porque, experimentando nuestro límites e incapacidades, nos abre a que Alguien mayor que puede intervenir para aportar algo “mayor”.

La misión de San José

El ángel encomienda una misión a José: “Dará a luz un hijo y tu le pondrás por nombre Jesús”. La relación de José y Jesús es la de un padre con su hijo: proteger, alimentar, enseñar un oficio, pero sobretodo reconocer y confirmar su vocación propia. Eso es poner un nombre: Tú te llamarás Jesús, porque salvarás a tu pueblo de sus pecados conforme a la profecía de Isaías (cf Mt 1,21-23; Is 7,14). En la obra de salvación José no es una tapadera para evitar el escándalo. Tiene un papel y una responsabilidad, y él la ejercerá de manera sublime (protege al niño huyendo a Egipto, y a indicación del Señor vuelve a Nazareth; cf Mt 2,13-23). ¿Cuál es tu misión? ¿A qué te llama el Señor?

José es un santo que aún no se ha revelado en todo su esplendor. Ha sido testigo íntimo de la encarnación, ha ligado su vida a María Inmaculada, ha sido el educador del Hijo de Dios. ¡Qué tesoros de gracia y de sabiduría contiene este justo de Israel! Y ¡cuánto nos puede aportar si nos acercamos a él!