Jornadas Nazareth, la victoria de la Vida

Jornadas Nazareth, la victoria de la Vida

Las Jornada Nazareth han sido una de las experiencias más bonitas que hemos tenido como Comunidad desde que estamos en España, y ha sido posible gracias a muchos voluntarios y voluntarias que han dado su tiempo y esfuerzo, oración y recursos. Desde que la Comunidad de las Bienaventuranzas llegó a España, dos obispos, en dos ocasiones distintas, habían solicitado a la Comunidad el llevar a cabo algún tipo de apostolado cerca de las “madres solteras”.

Las circunstancias hicieron que en esos momentos tal respuesta no fuera posible. Pero a lo largo de este pasado curso 2012-13, y a partir de una providencial entrevista con una joven mamá soltera que solicitaba ayuda en el COF para su hijo, de 3 años, por “hiperactividad”, nos dimos cuenta que podíamos ofrecer nuestro granito de arena a estas mamás, que luchan por tirar adelante aquello que tanto les ha costado traer al mundo: sus hijos. Y que sin embargo, no poseen ni la más mínima rutina (en el buen sentido de la palabra) ni estabilidad económica, social, ni afectiva, que les permita ofrecer un marco donde desarrollarse y crecer con la seguridad de ser amado y aceptado.

El granito de arena ha consistido, pues,  en organizar durante el pasado mes de julio, una semana de vacaciones para madres solteras y sus hijos que hemos llamado “Jornadas Nazareth”, y en la cual habéis participado varios de vosotros.

Resumiendo para aquellos que no pudieron asistir pero que nos ayudaron con su oración, durante las Jornadas les ofrecimos tiempos de formación (como la Afectividad, la importancia de los Hábitos en la Educación, la Culpabilidad y el Perdón, los Métodos naturales de Fertilidad, etc.), tiempos de diversión (en la piscina y/o la participación en juegos en familia (gyncanas, pelota, etc.) y tiempos de oración con un tiempo de acción de gracias por la mañana y tres vigilias de oración por la noche que se repartieron “in crescendo” a lo largo de la semana. Por las tardes, los tiempos de formación se convertían en talleres participativos tales como “aprender a jugar con tu hijo”, “aprender a cantar con tu hijo”, “aprender a coser”, masaje infantil …

Uno de los puntos en los cuales se apoyaba el Proyecto Nazareth, el de la oración. Algunos miraban con prevención presentar sin tapujos la presencia sanadora y amante de Dios, sin embargo en todo momento tuvimos la convicción de que si es Dios quien cura las almas, era imprescindible dedicarLE el tiempo necesario. Ciertamente no esperábamos mucho de la parte humana, pero lo esperábamos TODO de Dios. ¡Y nuestra espera fue más que colmada!

Durante toda la semana, el Señor no nos ahorró nada en combate espiritual, desde dificultades muy serias para poder participar de algunos de los colaboradores hasta las dificultades propias de las madres y sus hijos. Entre los voluntarios que se ofrecieron para venir a ayudarnos con los niños (16 en total, de 1 mes a 12 años) varios sufrieron contratiempos importantes, lo cual nos hizo compartir juntos la experiencia de “vivir el INSTANTE presente”, puesto que era imposible prever con seguridad el desarrollo de las actividades. Sin embargo, tampoco esto nos desanimó. Nos hizo poner toda nuestra confianza en Aquel que sabemos que nos ama. Entre las mamás hubo también varios percances, como ataques de ansiedad, etc.

Durante los primeros días, las mamás tenían una actitud más que cerrada y reticente a todo lo que se les proponía. Venían con unas “mochilas” cargadas de sufrimiento y heridas, que les hacía mantenerse a la defensiva y con un gran “instinto de supervivencia”. Sin embargo, a mitad de semana, coincidiendo con una vigilia de testimonios de personas que en su sufrimiento (fallecimiento familiar, madre soltera, cáncer, etc.) habían encontrado la felicidad en Dios, los corazones se fueron abriendo, y alguna lágrima empezaba a correr. Al cuarto día de la semana, las mamás participaban libremente y espontáneamente en la oración de la mañana con acciones de gracias en voz alta, tales como “gracias por mi hija, porque es lo mejor que me ha pasado”, “gracias, Señor, porque esta semana he vuelto a sonreír y divertirme por primera vez en mucho tiempo”, “gracias por la vida”, etc. También comenzaron a mostrar interés por las charlas y a implicarse personalmente tanto en charlas como en talleres; algunos de ellos despertaron gran motivación y deseo de continuar más allá de las Jornadas Nazareth. Nuestros corazones empezaban a saborear la fidelidad de Dios Padre con sus hijos.

El trabajo realizado paralelamente con los niños no fue menos importante. Como hemos dicho anteriormente, había 16 en total. Comprendían edades muy dispares; la más pequeña tenía un mes y medio y la mayor, doce años. Esto hizo que el equipo de monitores de niños tuviera que repartirse entre talleres sobre “los indios” (como pintar camisetas, un gorro de plumas, etc.) y cambiar pañales, dormir a los más peques, atender a los mordiscos o objetos desaparecidos, etc. Gracias a toda la atención dedicada, mucho más allá de lo que en un principio se planteaba (tuvimos que gestionar comidas, riñas, el descanso nocturno –a veces estábamos durmiendo niños por los pasillos a las 12 de la noche-, guarderías durante las vigilias de oración con las mamás, las siestas…) algunos de ellos empezaron a cambiar de cara. Pudieron sentirse seguros y aceptados, así como acompañados y amados incondicionalmente. El último día no querían irse; ese el mejor signo de que la labor había dejado su huella.

También a finales de semana, y siguiendo con las madres, el sábado por la noche celebramos la última vigilia de oración, titulada “He encontrado la felicidad”. Lejos de pensar que habían encontrado el Tesoro que Dios quería ofrecerles, mantuvimos la oración tal y como la habíamos previsto; es decir, ese día expondríamos el Santísimo, invitándoles con un pequeño gesto a acercarse a los pies del altar para dejarse abrazar por Dios. Ese mismo día, en la casa de veraneo que nos acogía (el Seminario Mater Dei), había “disco-móvil”, Las mamás nos habían pedido que la oración fuera corta para poder ir a bailar. Después de haberse acercado individualmente al altar, las mamás se levantaron, todas a la vez, y hicieron ademán de marcharse. Pero cuál fue nuestra sorpresa y profunda alegría al ver que de hecho se levantaron para cogerse entre ellas y colocarse alrededor del altar contemplando por primera vez a Jesús, con un gesto de total abandono y agradecimiento a la vez. Las lágrimas brotaban de gozo, el tiempo se paró y la paz les inundó. Empezaron a hacer oraciones en voz alta, agradeciendo infinitamente el Don que se les había dado esa semana y que no querían perder jamás. Al acabar, nadie se acordaba de la “discoteca”, así que empezamos a cantar canciones cristianas de gozo y de fiesta y acabamos todos bailando en la “disco-móvil”, pero con un gozo interior que nadie les podría arrebatar.

Al día siguiente, al despedirse, una mamá exclamaba llorando y riendo a la vez: “…y saber que los dos primeros días me quería ir y ahora lloro porque no quiero…”. Otra decía: “supongo que esto es solo la primera parte ¿verdad?”; otra: “las que hemos venido este año ¿podemos volver el año que viene?”…

Ahora queda la parte difícil de todo apostolado de Primera Evangelización: el “¿y ahora qué?”. Nuestro trabajo, a partir de ahora y más que nunca, es el de seguir llevándolas a todas ellas en la oración, para que el Espíritu Santo las continúe conduciendo cerca de su Presencia a fin de que puedan descubrir un día, ellas y sus hijos, la verdadera Vida y la verdadera Felicidad y pueda crecer la pequeña semilla que ha sido plantada. También algunas mamás expresaron el deseo de tener algún encuentro durante el curso. O sea, que si deseáis participar en cualquier actividad que pueda surgir os invitamos a poneros en contacto con nosotros.

Damos gracias infinitamente a Dios por habernos permitido “tocar el Cielo” durante estas Jornadas Nazareth, y haber vivido esta experiencia, trabajando y orando por la Vida y la Familia. Y damos gracias sobre todo y especialmente a cada uno de vosotros que, desde la oración o con vuestra presencia al lado de los niños y de las madres habéis hecho posible este Proyecto. ¡Gracias de todo corazón!